Los diferentes procesos sociales de los cuales hemos sido testigos (en lo personal) desde los años ´90 es un hecho que no deja de llamarnos la atención. Es solo cuestión de pasearse por los lugares a los cuales solíamos ir en nuestra infancia para pasar un tiempo agradable de juegos con los amigos y luego de 10 o 15 años, darse cuenta que han sufrido una renovación abismante. No solo los factores geográficos han sufrido potentes cambios, el más afectado es indudablemente el factor social. Llamémoslo “Postmodernidad”, “Capitalismo”, o simplemente como lo citan algunos “Es parte de la vida, todo avanza, todo tiene que ir cambiando, las generaciones progresan, es lógico…”, pero la cuestión es: algo está pasando en el inconsciente colectivo que de forma irracional e incuestionable, se aceptan los nuevos modelos impuestos a consciencia o no, por los modelos de las sociedades postmodernas, y también, cómo han sido modificados ciertos códigos de nuestra cultura por elementos totalmente contrarios a los originales. El acelerado ritmo de vida, la competencia por adquirir las últimas tecnologías, el egoísmo, el valor comercial que tienen las relaciones interpersonales, el individualismo, la pérdida total de la consciencia y respeto por nuestro pasado, el desgaste físico que entorpece el desarrollo racional de las personas, la envidia por la superación del otro, el detrimento de los valores culturales, que se ve reflejado en la vida social de las personas (ya no pueden relacionarse con su amigo si no están tomándose un café en el “Starbucks”) y la necesidad (innecesaria) de depender de ciertos objetos materiales que el capitalismo ha creado e instaurado, en el inconsciente colectivo, estableciéndolos como parámetros culturales, que hoy nos lleva a racionalizar una vida social (y hasta personal) sólo con la existencia de ellos, hablamos de una relación total de dependencia con el factor material.
“La postmodernidad reconoce clientes en vez de ciudadanos…” declaración que abiertamente involucra “todos” los elementos que son parte interna y externa del ser (como persona y como ser social), hablamos a grandes rasgos de un impacto (consciente e inconsciente) en sus relaciones con los cercanos y los que son parte de su vida cotidiana impersonal, su comportamiento, su recepción del medio, en especial de su entorno, y aún más grave, la concepción que tiene de sí mismo, resultando en el establecimiento de un patrón social-cultural que le obliga a someterse a elementos de una vida de total dependencia de los parámetros que ha impuesto la postmodernidad.
En resumidas cuentas, me quedo con una frase que leí por ahí que dice: “El capitalismo ha creado e impuesto necesidades que no necesitamos” –y no es que le atribuya toda la responsabilidad (por no decir culpa) al capitalismo, es tan solo que la evaluación que se hace de la posmodernidad ha venido, y viene, acompañada por casualidad (o causalidad) desde los inicios del capitalismo instaurado (por lo menos) en nuestro país. Este estilo de vida, crea sin restricciones ni márgenes, transformaciones culturales y sociales, estableciéndolas como pautas dentro de una sociedad.
El fenómeno social de la postmodernidad está tan impregnado en nuestra sociedad que no deja impune a cualquiera. Y como cualquier fenómeno, posee elementos propios, que tiene características especiales pero discretas, que resultaron incluso para mi sorprendentes y novedosas.
Los elementos que se pueden identificar, tienen como base el modelo económico Neoliberal, elementos propios de la posmodernidad que ha establecido pautas y normas social-cultural que termina con la extinción de la concepción original que se tiene de ciudadano y la relación que éste debe tener con su entorno. “Se ha pasado de sujetos sociales cohesionados que ejercen ciudadanía, a ser consumidores e individuos que se pretenden desvinculados de la colectividad”.
Otro elemento particular que increíblemente resulta difícil de creer ya que está impregnada en nuestro diario vivir es la Publicidad. Ésta “posee una estética idealizada, acosando las fantasías individuales y sociales, incita el deseo para alcanzar un elevado estatus social”. Esta definición es el mejor análisis que se ha hecho de una realidad tan común en nuestra sociedad. Estamos siendo impactados momento a momento por la publicidad, y son pocas (por no decir ninguna) las veces en las que somos conscientes de que en realidad lo que se está haciendo es comunicarnos con mucha presión que son solo “aquellos” prototipos o estereotipos los aceptados por la sociedad: si no nos vestimos de acuerdo a lo que imponen, no somos aceptados socialmente, si no hablamos de cierta forma, si no comemos en aquellos lugares, si no nos asemejamos físicamente a ellos, en fin, muchos hábitos que la publicidad nos impone de forma sutil, pero violenta…“imponiéndonos con su suave violencia, un estilo de vida confortable, hedonista y sin esfuerzos, es decir, una vida donde todo es perfecto y fluye como un suave río”. Es la publicidad, el elemento más destacado y determinante de la postmodernidad, es el instrumento ideal para propagar la idea esclavizante de los postulados del Neoliberalismo, el libre mercado y como depender de él, al igual que la misma reacción que hay frente al mercado y cómo debe relacionarse “el individuo” con él. Y a través de mecanismos especiales “la publicidad entrega un conjunto de efímeras imágenes como estrategia de seducción permanente, produciendo placer en quien observa”.
Y es así, como finalmente se concluye que la publicidad “instaura una violencia simbólica” mediante la incorporación de elementos que parecen prioritarios sin los cuales nuestra vida no sería la misma. El conjunto de todos elementos, crea mentalidades con un objetivo claro, creando colectivamente la idea de “la adquisición de mercancías como única vía hacia la felicidad, promueve el individualismo y los estereotipos de género, donde se representan a los hombres fuertes (musculosos), racionales, activos. A su vez, mujeres son altas, bellas, emotivas, esbeltas, y sensuales”. Llegar a eso, es alcanzar lo sublime, lo perfecto, lo entendido por otros, lo aceptado por la sociedad.
Otro elemento importante es “La violencia simbólica” a la cual estamos expuestos inmediatamente que prendemos el televisor, que vemos revistas o leemos diarios, o simplemente en salir de compras a un mall, o recorrer ciertos lugares “exclusivos” para gente postmoderna. Este elemento y su impacto en la sociedad se define y describe de esta manera: “insatisfacción con la autoimagen del cuerpo, aumenta el descontento social de quienes aspiran a alcanzar los estilos de vida publicitados”. Método que se lleva a cabo usando como eje principal el modelo económico-politico (que ahora hasta lo podemos llamar cultural-social) a través de un instrumento que resulta “común para muchos”, que lo manejamos a diario, de los cuales muchos ya son esclavos (a consciencia o no) y que sus vidas llegan al punto de una completa dependencia “el dinero plástico y los créditos de consumo con aprobación inmediata”
"El capitalismo ha creado necesidades que no necesitamos..." |
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